La utilización de imágenes para la ilustración de lecciones morales, ha sido una práctica común a lo largo de la historia de Occidente.
Es posible que a través de mostrar el castigo que sufren aquellos que infringen la norma, se llegue al más estricto cumplimiento de dicha norma.
Durante el Renacimiento, fue un género común el de la pintura infamante (
executio in effigie), es decir, una iconología emanada de la demostración de las penas corporales sufridas por distintos individuos condenados por algún delito, y que era exhibida como una forma de comprobar que quien actúa mal, recibirá un castigo merecido. Se dice que la carta del Tarot que representa a un hombre colgado cabeza abajo, proviene precisamente de este género pictórico.
Es posible que esta, por demás siniestra tradición, encuentre cierta continuidad con lo ocurrido en Abu Ghraib, porque vale la pena cuestionarse respecto a la circulación de las imágenes, es decir, más allá de las acciones cometidas por los soldados norteamericanos, hay que preguntarse por las imágenes que registraron el suceso: ¿Por qué fueron fotografiadas? ¿Qué destino tenían las fotografías? ¿Eran para el álbum de recuerdos de algunos soldados en un desplante irreflexivo? ¿O se trataba de imágenes preparadas y construidas con una finalidad específica dentro la lógica militar, y que proseguían el mismo orden de los actos que reflejaban, tratando de amedrentar a los contrarios?
Sabemos, y los conflictos centroamericanos han dejado testimonio de ello, que el ejercito norteamericano valida la tortura y el asesinato como medios legitimos para alcanzar sus fines, por ello, la sorpresa no está en que soldados norteamericanos hayan torturado, maltratado y humillado a sus detenidos; lo que sorprende es la existencia del registro documental, y sobre todo, su carácter de pretendida comicidad.
Pareciera que las fotos existen realmente por un error en la cadena de mando, al dejar los procedimientos de la inteligencia militar que habitualmente son instrumentados por grupos de elite en manos de un grupo de reservistas del ejercito (la compañía 372 de la policia militar, a la que pertenecen quienes han sido acusados formalmente por lo ocurrido en Abu Ghraib)
Lo verdaderamente extraordinario del caso, es la existencia y el carácter de las imágenes, totalmente distintas a las que los medios masivos nos han difundido durante años, no se trata de militares en valientes actos de combate, soldados tratando de ganar una guerra que corre el riesgo de perderse
[1]; sino de una suerte de
jackasses (en toda la extensión de la palabra) jugando a la experiencia extrema con sus víctimas.
Nos debemos de preguntar también, por la ruta que han seguido estas imágenes. Tomadas en una prisión iraquí, y llevadas en un CD a imprimir al
Office Depot más cercano a casa ¿ante la imposibilidad de hacerlo en el territorio ocupado? ¿Y después? ¿Al álbum de fotos que los soldados sacan cuando llevan ya varias cervezas encima? ¿O de regreso al escenario de batalla como material didáctico?
El siglo XX cuenta, para desgracia, con más de una imagen relacionada con la guerra, la violencia, la tortura, el exterminio o la humillación de aquél a quién se combate y se ha derrotado. Quizás el caso que venga primero a la mente sea el de Auschwitz, las fotografías de los prisioneros de los campos de concentración nazis, rapados y raquíticos durmiendo en barracas miserables. Desgraciadamente, el recuento no acaba, ni siquiera comienza, allí: Los soldados de la primera guerra mundial, los detenidos en el Estadio Nacional de Chile tras el golpe de Pinochet, la niña que corre quemada por el napalm en plena guerra de Vietnam...
¿A que se parecen estas nuevas imágenes?, ¿a las de Auschwiz? ¿a las de Vietnam? ¿o debemos de asociarlas con un contexto distinto?: la imagen del cazador que exhibe su presa, (relacionada con la imagen del pornógrafo casero que graba subrepticiamente sus hazañas para tenerlas siempre presentes) ¿Hay que tomar como punto de comparación, inclusive, a Joel Peter Witkin, y el uso pretendidamente lúdico que hace de los cadáveres mutilados? ¿Es acaso, como afirma Paul Virilio, el triunfo estético de Auschwitz?
Ha habido tantas imágenes terribles a lo largo de la historia de la fotografía, y sin embargo, estas son diferentes. El siglo XX, generoso en cuanto al desarrollo tecnológico y la invención, ha sido pródigo también en cuanto a encontrar nuevas formas de aniquilar y causar dolor al adversario, desde los soldados de la primera guerra mundial sufriendo los estragos del gas pimienta, siguiendo por las víctimas de los campos de concentración de la Alemania Nazi a la aldea masacrada de My Lai en Vietnam, el siglo que ha terminado cuenta con una larga tradición iconográfica que mezcla lo militar con la violencia extrema, con el más absurdo grado de violencia. Pero esta vez es diferente, esta vez existe sangre y mutilación, aunque en menor grado, pero el acento no está ahí, no quieren que veamos miembros ensangrentados, sino que, lo que parecieran pretender los fotógrafos más allá de si para ello recibieron órdenes superiores
[2], es que veamos dignidades destrozadas, la defensa de la historia de un pueblo esa si, hecha pedazos desde la mirada de los captores.
Son entonces, maneras distintas de ejercer la violencia, entre aquellas imágenes ya históricas y las que vimos recientemente, se trata en aquellas, de la violencia ejercida de manera conciente por un estado, y registrado por el lente de la prensa (y esto es lo importante, quien está registrando la acción) como una manera de testimoniar la barbarie, de salvar del olvido aquellos actos terribles que tenemos que llevar presentes como una forma de mantener los límites de aquello que nos sigue haciendo humanos y nos separa de las bestias, aun y cuando el límite, en esos casos, parezca cada vez más tenue. En Abu Ghraib, presenciamos la violencia y la humillación, pero llevadas al nivel del absurdo, se trata aquí (y seguramente en Guantamo y en las demás prisiones que mantienen los nortemaericanos entre el secreto y la clandestinidad), y así se nos presentaron las fotografías en los medios masivos, de los actos enfermos de un grupo de militares de bajo rango que malentendieron las órdenes dadas por sus superiores, y no de una maniobra propagandística planeada desde el centro del poder militar para golpear a sus contrincantes en lugares que las balas no alcanzan, vejándolos, humillándolos públicamente y con ello, haciendo de una lucha de liberación nacional, el argumento de un
sitcom cualquiera, es más, vemos las fotografías y las caras sonrientes de los soldados, y casi podemos escuchar las risas grabadas y esperar algún comentario sarcástico de
Seinfield o
Frasier.
Otro aspecto relevante: Las víctimas de los campos de concentración tenían un rostro identificable, podíamos reconocernos, como género, en sus miradas, ese derecho se les negó a los torturados en Abu Ghraib, encapuchados, anónimos, vulnerados no solo en su corporaleidad, sino en su misma condición de sujetos, y sin embargo, volviéndose con ello, universales. Quizás la intención, si es que hubo alguna, era la de hacer de aquellos prisioneros, cualquier iraquí, avisarle al pueblo invadido que cualquiera podía correr con esa suerte; sin embargo, el aviso rebaso a este posible destinatario y lo hemos recibido todos, en distintas partes del mundo ¿Quién fue torturado en Abu Ghraib? En cierto sentido, todos lo fuimos, todos estamos detrás de aquellas capuchas, porque en el contexto actual estamos concientes de vivir en un mundo en el que, dado el caso, todos podríamos llegar a estar frente al obturador de aquellas fotografías.
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[1] V. THE GRAY ZONE, SEYMOUR M. HERSH, How a secret Pentagon program came to Abu Ghraib. The New Yorker, 24-05-2004
[2] Al respecto, el encargado de la defensa de de Chip Frederick, uno de los acusados ante una corte militar por lo sucedido, afirmaba que solo seguían las órdenes de inteligencia militar norteamericana: “Do you really think a group of kids from rural Virginia decided to do this on their own? Decided that the best way to embarrass Arabs and make them talk was to have them walk around nude?” (¿Realmente creen que un grupo de chicos de la Virgina rural decidieron hacer esto por si mismos? ¿Decidiendo que la mejor manera de avergonzar a los árabes y hacerlos hablar era hacerlos caminar desnudos?)
Citado en The New Yorker, Torture at Abu Ghraib, por Seymour M. Hersh, 10 de mayo de 2004, [
http://www.newyorker.com/fact/content/?040510fa_fact ]