Un espacio para comentar aspectos relevantes de tres obsesiones personales: Arte contemporáneo, tecnología digital y cultura latinoamericana

viernes, octubre 20, 2006

Arte indestructible

Hace un par de días, un magnate de Las Vegas, golpeó con el codo un cuadro que acababa de vender, y le mostraba a sus amigos antes de entregarlo a su nuevo dueño; la obra resultó dañada y la venta, de 139 millones de dolares, se deshizo. La historia ha recorrido el mundo, el magnate se llama Steve Wynn, y el cuadro es "El sueño" de Picasso.

¿Que ocurre con el valor de los objetos? ¿Puede ser posible destruir el valor de una obra con un codazo? Vale la pena reflexionar respecto a que es aquello que hace valiosa a una pieza: su autor, su ubicación en un momento dado de la historia del arte y de la historia del mundo. Así, hablar de "un Picasso", como de "un Rembrandt" o "un Van Gogh" nos remite, antes que nada, al autor de la obra, y al estilo que esperamos ver reflejado en el trazo sobre el lienzo, mediante características formales que nos permiten mirar a la obra y afirmar que "ES un Picasso" porque se parece a otras obras del mismo autor. La primera lectura respecto al valor de las obras llega hasta ahí, sin embargo, existe información igualmente relevante que, en casos como este, se reafirma.

Las obras de arte, una vez terminadas (y presentadas públicamente) comienzan a vivir su propia temporalidad de manera independiente a la de su autor. Es claro que las pinturas sobreviven a los pintores, pero es posible que, en algunos casos, la vida de las obras este marcada por sucesos que les otorguen reconocimiento de manera independiente a lo que venía determinado por su origen.

Dice una nota de infobae.com, acerca del caso que comentamos:

"Los expertos en arte coinciden que la repercusión mundial que obtuvo el magnate norteamericano que agujereó el cuadro, hacen que pueda superar el valor inicial de 139 millones de dólares"

La destrucción de la obra, hecho que dió la vuelta al mundo, se convierte en un elemento que le hace más valioso. Más allá de ganancias comerciales y cuestiones de mercado, vale la pena preguntarse ¿es posible, como lo plantearon distintos fascismos del siglo XX, destruir el arte?

martes, septiembre 19, 2006

Sobre el grito de independencia

El viernes pasado, quince de septiembre, fui con algunos amigos y familia al Zócalo para la ceremonia del grito de independencia. Ya alguna vez había tenido que ir, de mala gana, por razones de trabajo, y había visto la cantidad de gente que se reune, y había podido palpar lo pesado que se llega a poner el ambiente.
Resulta un fenómeno interesante, como las multitudes se tornan cada vez más violentas en tiempos recientes, sin importar si son actos políticos o partidos de futbol, es cada vez más frecuente encontrar cierto grado de hostilidad inherente al hecho de que haya más de mil personas reunidas, es algo que he sentido igual en otros gritos, que en conciertos o partidos de futbol.
Sin embargo, esta vez fue totalmente distinto, la plaza estaba repleta, sin embargo, había un alto grado de identificación en la mayoría de los asistentes, producto de la manera en que, una parte de este país, decidio expropiarle el acto a la presidencia y hacerlo suyo. Así, al menos por una vez, este acto fue, enteramente, de la gente.

viernes, septiembre 15, 2006

Cine mexicano

De unos años para acá, Cinemex organiza, el jueves anterior al 15 de septiembre, un día dedicado exclusivamente al cine mexicano en la sala del CNA, ahí, podemos ver cualquier película (ponen como 10 en cartelera, entre estrenos y reestrenos) por solamente 10 pesos. LA oportunidad hay que aprovecharla, así que todos los años paso por ahí y veo al menos un par de películas. Es además, un buen momento para poder ver algunas cintas que pasaron por la cartelera muy rapidamente y sin promoción.

Con eso en mente, ayer nos aventamos: Solo Dios sabe, La canción del pulque, Carambola y Noticias lejanas.

Uno de los mayores problemas del cine nacional, lo sabemos todos, es la escasez de la producción nacional. Apenas un puñado de películas se filman cada año con capital mexicano, y si bien en algunos pocos casos el nivel alcanzado es muy alto, la generalidad ronda lo irregular. Lo de ayer fue un reflejo de esto.

Solo Dios sabe, es (a ratos) una road movie de Carlos Bolado (Bajo California, los límites del tiempo) que pudo haber sido una gran película, sin embargo, la historia tiene varios problemas, la sucesión de acontecimientos es enorme, es decir, pasan muchas cosas emn poco tiempo, y el guión no permite que todo corra con fluidez, sino que se va atorando en varios momentos, generando un resultado disparejo, con buenas escenas, buena fotografía, pero varios huecos en las historias, y dejando de lado caminos que lucían a todas luces más interesantes (la primera parte de la película pareciera que se va a convertir en una suerte de final de Elizabethtown local que, bien desarrollado, hubiera resultado verdaderamente memorable, aun y cuando la misma película de Cameron Crowe no sea del todo buena).

La Canción del pulque, es un documental filmado en video de verdad interesante, es un estilo de documental que, más que describir una situación, transmite un ambiente. Es una forma de contar historias que en muchos casos es más clara que una narrativa lineal y que, sobre todo, permite hacerse una idea de lo que es estar ahí, entre la gente que rodea al pulque.

Carambola es verdaderamente decepcionante, dirigida por Kurt Hollander, otrora director de poliester, es una cosa que parece ejercicio de escuela de comunicación, con todos los defectos que suelen caracterizar a estos trabajos (estudié diseño de la comunicación gráfica en la UAM-X, y algunos de mis compañeros hacían cosas parecidas): mal actuada, mal dirigida, pretenciosa, llena de escenas gratuitas y lugares comunes, en fin, fue lo peor del día.

FInalmente, Noticias lejanas resultó una vedadera joya, una película sencilla pero mucho mejor trabajada, con buenos personajes y subtramas que resultan casi microhistorias tan interesantes como la historia principal. Se trata de la historia de una familia en un caserío de Puebla, el aislamiento, el contacto con la ciudad, y en el fondo, la manera en la que nada permanece, sino que los espacios, como los recuerdos, se van erosionando hasta desparecer.

Hoy es 15 de septiembre, día de fiesta nacional en México. Celebraremos en el Zócalo en paz, una vez que Fox ha decidido salir corriendo a Dolores Hidalgo, Gto.

miércoles, septiembre 13, 2006

Sobre arte y politica

Recuperar lo que estaba abandonado. Un blog con dos textos en un año no es un blog, es...
Así que, recomencemos.

Al día de hoy, todo ha cambiado por aquí, las expectativas de hace unos meses se han roto, y una vez másnos han robado una elección presidencial. No queda sino organizarse y resistir, sabiendo que somos varios millones de personas los que estamos de acuerdo en esto.

El tema del blog es arte y tecnología, pareciera que por ello no hay lugar para comentarios sobre política, sin embargo, la cosa no es así, y eso es algo que vale la pena comentar.

Habitualmente, cuando se habla de arte, no solo en un nivel superficial (lo cual sería esperable) sino inclusive en círculos académicos, se entiende a la esfera de lo artístico como separada de lo político. Resulta increíble, y sin embargo común, la visión de los artistas como seres apolíticos que deberían de expresar lo que dicta su sensibilidad sin mayor conexión con lo que ocurre en su entorno. Esta visión del artista romántico, nunca se acomodó a la realidad y, desde el espacio que este a nuestro alcance, habrá que luchar para cuestionarla.

La Política, hay que recordarlo, no es solamente partidista, es poder e institución, y así es que se encuentra íntimamente ligada con la producción artística, no solamente con la manera en que operan los espacios de exhibición, sino con la construcción de los relatos explicativos que conforman el ámbito de lo que llamamos "historia del arte". Así, toda obra permite una lectura que le ubica de acuerdo a su contexto particular y a la actividad política que tiene lugar independientemente de si esto se encuentra plasmado de manera precisa en la pieza.

Que mejor ejemplo que los trabajos comentados de Haacke y Morris, donde los artistas realizan comentarios sobre el funcionamiento de la hegemonía artística. Ellos representan la mejor muestra de que la relación arte-política no tiene porque producir panfletos, sino que las obras de arte representan el cruce de discursos artísticos, culturales y políticos en los que, los artistas terminan fijando una posición, ya sea de manera conciente o inconsciente.

La meta sería, desde esta perspectiva, arriesgarse con el uso de los lenguajes artísticos a la vez que se expresa la postura inherente a todo ser en el mundo, en un mundo inevitablemente, político.

viernes, enero 27, 2006

imágenes morales

La utilización de imágenes para la ilustración de lecciones morales, ha sido una práctica común a lo largo de la historia de Occidente.

Es posible que a través de mostrar el castigo que sufren aquellos que infringen la norma, se llegue al más estricto cumplimiento de dicha norma.

Durante el Renacimiento, fue un género común el de la pintura infamante (executio in effigie), es decir, una iconología emanada de la demostración de las penas corporales sufridas por distintos individuos condenados por algún delito, y que era exhibida como una forma de comprobar que quien actúa mal, recibirá un castigo merecido. Se dice que la carta del Tarot que representa a un hombre colgado cabeza abajo, proviene precisamente de este género pictórico.

Es posible que esta, por demás siniestra tradición, encuentre cierta continuidad con lo ocurrido en Abu Ghraib, porque vale la pena cuestionarse respecto a la circulación de las imágenes, es decir, más allá de las acciones cometidas por los soldados norteamericanos, hay que preguntarse por las imágenes que registraron el suceso: ¿Por qué fueron fotografiadas? ¿Qué destino tenían las fotografías? ¿Eran para el álbum de recuerdos de algunos soldados en un desplante irreflexivo? ¿O se trataba de imágenes preparadas y construidas con una finalidad específica dentro la lógica militar, y que proseguían el mismo orden de los actos que reflejaban, tratando de amedrentar a los contrarios?

Sabemos, y los conflictos centroamericanos han dejado testimonio de ello, que el ejercito norteamericano valida la tortura y el asesinato como medios legitimos para alcanzar sus fines, por ello, la sorpresa no está en que soldados norteamericanos hayan torturado, maltratado y humillado a sus detenidos; lo que sorprende es la existencia del registro documental, y sobre todo, su carácter de pretendida comicidad.

Pareciera que las fotos existen realmente por un error en la cadena de mando, al dejar los procedimientos de la inteligencia militar que habitualmente son instrumentados por grupos de elite en manos de un grupo de reservistas del ejercito (la compañía 372 de la policia militar, a la que pertenecen quienes han sido acusados formalmente por lo ocurrido en Abu Ghraib)

Lo verdaderamente extraordinario del caso, es la existencia y el carácter de las imágenes, totalmente distintas a las que los medios masivos nos han difundido durante años, no se trata de militares en valientes actos de combate, soldados tratando de ganar una guerra que corre el riesgo de perderse[1]; sino de una suerte de jackasses (en toda la extensión de la palabra) jugando a la experiencia extrema con sus víctimas.

Nos debemos de preguntar también, por la ruta que han seguido estas imágenes. Tomadas en una prisión iraquí, y llevadas en un CD a imprimir al Office Depot más cercano a casa ¿ante la imposibilidad de hacerlo en el territorio ocupado? ¿Y después? ¿Al álbum de fotos que los soldados sacan cuando llevan ya varias cervezas encima? ¿O de regreso al escenario de batalla como material didáctico?

El siglo XX cuenta, para desgracia, con más de una imagen relacionada con la guerra, la violencia, la tortura, el exterminio o la humillación de aquél a quién se combate y se ha derrotado. Quizás el caso que venga primero a la mente sea el de Auschwitz, las fotografías de los prisioneros de los campos de concentración nazis, rapados y raquíticos durmiendo en barracas miserables. Desgraciadamente, el recuento no acaba, ni siquiera comienza, allí: Los soldados de la primera guerra mundial, los detenidos en el Estadio Nacional de Chile tras el golpe de Pinochet, la niña que corre quemada por el napalm en plena guerra de Vietnam...

¿A que se parecen estas nuevas imágenes?, ¿a las de Auschwiz? ¿a las de Vietnam? ¿o debemos de asociarlas con un contexto distinto?: la imagen del cazador que exhibe su presa, (relacionada con la imagen del pornógrafo casero que graba subrepticiamente sus hazañas para tenerlas siempre presentes) ¿Hay que tomar como punto de comparación, inclusive, a Joel Peter Witkin, y el uso pretendidamente lúdico que hace de los cadáveres mutilados? ¿Es acaso, como afirma Paul Virilio, el triunfo estético de Auschwitz?

Ha habido tantas imágenes terribles a lo largo de la historia de la fotografía, y sin embargo, estas son diferentes. El siglo XX, generoso en cuanto al desarrollo tecnológico y la invención, ha sido pródigo también en cuanto a encontrar nuevas formas de aniquilar y causar dolor al adversario, desde los soldados de la primera guerra mundial sufriendo los estragos del gas pimienta, siguiendo por las víctimas de los campos de concentración de la Alemania Nazi a la aldea masacrada de My Lai en Vietnam, el siglo que ha terminado cuenta con una larga tradición iconográfica que mezcla lo militar con la violencia extrema, con el más absurdo grado de violencia. Pero esta vez es diferente, esta vez existe sangre y mutilación, aunque en menor grado, pero el acento no está ahí, no quieren que veamos miembros ensangrentados, sino que, lo que parecieran pretender los fotógrafos más allá de si para ello recibieron órdenes superiores[2], es que veamos dignidades destrozadas, la defensa de la historia de un pueblo esa si, hecha pedazos desde la mirada de los captores.

Son entonces, maneras distintas de ejercer la violencia, entre aquellas imágenes ya históricas y las que vimos recientemente, se trata en aquellas, de la violencia ejercida de manera conciente por un estado, y registrado por el lente de la prensa (y esto es lo importante, quien está registrando la acción) como una manera de testimoniar la barbarie, de salvar del olvido aquellos actos terribles que tenemos que llevar presentes como una forma de mantener los límites de aquello que nos sigue haciendo humanos y nos separa de las bestias, aun y cuando el límite, en esos casos, parezca cada vez más tenue. En Abu Ghraib, presenciamos la violencia y la humillación, pero llevadas al nivel del absurdo, se trata aquí (y seguramente en Guantamo y en las demás prisiones que mantienen los nortemaericanos entre el secreto y la clandestinidad), y así se nos presentaron las fotografías en los medios masivos, de los actos enfermos de un grupo de militares de bajo rango que malentendieron las órdenes dadas por sus superiores, y no de una maniobra propagandística planeada desde el centro del poder militar para golpear a sus contrincantes en lugares que las balas no alcanzan, vejándolos, humillándolos públicamente y con ello, haciendo de una lucha de liberación nacional, el argumento de un sitcom cualquiera, es más, vemos las fotografías y las caras sonrientes de los soldados, y casi podemos escuchar las risas grabadas y esperar algún comentario sarcástico de Seinfield o Frasier.

Otro aspecto relevante: Las víctimas de los campos de concentración tenían un rostro identificable, podíamos reconocernos, como género, en sus miradas, ese derecho se les negó a los torturados en Abu Ghraib, encapuchados, anónimos, vulnerados no solo en su corporaleidad, sino en su misma condición de sujetos, y sin embargo, volviéndose con ello, universales. Quizás la intención, si es que hubo alguna, era la de hacer de aquellos prisioneros, cualquier iraquí, avisarle al pueblo invadido que cualquiera podía correr con esa suerte; sin embargo, el aviso rebaso a este posible destinatario y lo hemos recibido todos, en distintas partes del mundo ¿Quién fue torturado en Abu Ghraib? En cierto sentido, todos lo fuimos, todos estamos detrás de aquellas capuchas, porque en el contexto actual estamos concientes de vivir en un mundo en el que, dado el caso, todos podríamos llegar a estar frente al obturador de aquellas fotografías.

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[1] V. THE GRAY ZONE, SEYMOUR M. HERSH, How a secret Pentagon program came to Abu Ghraib. The New Yorker, 24-05-2004
[2] Al respecto, el encargado de la defensa de de Chip Frederick, uno de los acusados ante una corte militar por lo sucedido, afirmaba que solo seguían las órdenes de inteligencia militar norteamericana: “Do you really think a group of kids from rural Virginia decided to do this on their own? Decided that the best way to embarrass Arabs and make them talk was to have them walk around nude?” (¿Realmente creen que un grupo de chicos de la Virgina rural decidieron hacer esto por si mismos? ¿Decidiendo que la mejor manera de avergonzar a los árabes y hacerlos hablar era hacerlos caminar desnudos?)
Citado en The New Yorker, Torture at Abu Ghraib, por Seymour M. Hersh, 10 de mayo de 2004, [ http://www.newyorker.com/fact/content/?040510fa_fact ]

sábado, enero 21, 2006

La trama clonada

Pareciera que existen algunas temporadas en las que los arguementos del cine hollywoodense, o bien se agotan, o bien son producto del espionaje industrial y el plagio, o bien...

Así como hace algunos años, la noción de realidad virtual, entremezclada con la del grado de realidad existente en el mundo percibido era una constante en películas como Matrix (EU, 1999), Ciudades Oscuras (Dark cities, EU, 2002) y El Piso 13 (Thirteen floor, EWU, 1999), en los últimos seis meses se han estrenado en México tres películas nortemaericanas, con orígenes similares y con tramas que no son sino variaciones que recorren un mismo camino, así: El umbral (Stay, EU, 2005), Regresiones (The Jacket, EU, 2005) y Crímenes de la mente (The I Inside, EU, 2003) presentan elementos que se repiten una y otra vez: la posibilidad de construirse una historia en el momento anterior a la muerte en un sentido muy similar al de Alucinaciones del pasado (Jacob´s ladder, EU, 1990), o bien la posibilidad de viajar en el tiempo como una cuestión mental antes que tecnológica, como lo habíamos visto ya en Estados alterados (Altered states, 1980). Todo ello conjuntado, en las dos últimas cintas, con la posibilidad de cambiar el futuro alterando el pasado en un sentido que oscila entre Volver al futuro (Back to the future, EU, 1985) y El Efecto Mariposa (The butterfly effect, EU, 2004).

El problema m{as evidente está, ante todo en que la manera en que las tramas son contadas resulta sumamente deficiente, llena de continuos tropezones y errores lógicos, que provocan que una parte de la historia resulte incomprensible y que logran el excepcional efecto de hacer lucir a una película menor, como el citado Efecto Mariposa, como una verdaera joya de este sub-género, en el que, la duda entre realidad y fantasía, y la posibilidad de cambiar la historia son los elementos en juego permanente.

El fenómeno en que vale la pena detenerse, de cualquier manera, es el agotamiento de las tramas del cine comercial, como un fenómeno recurrente de los últimos años, ¡cuantas veces nos topamos, en un mismo año, con películas que parecen ser solamente variantes de una misma idea? ¡A que obedece la repetición? ¿Es el resultado de la fantasía borgiana en la que todas las historias han sido escritas ya?

viernes, enero 20, 2006

Teoría y Práctica en el Arte Contemporáneo



Robert Morris, Statement of aesthetic withdrawal, documento notariado y hoja de plomo sobre madera montado en tapete imitación piel, 1963

Con esta obra, Robert Morris hace referencia a una pieza anterior: Litanies, de 1963, conformada por un anillo de metal con 27 llaves.Respecto a ella es que Morris genera esta Declaración de retractación estética en la que, mediante un documenyto notariado El autor pretende despojar a dicha obra de todo valor estético.

Esta acción nos abre varias preguntas respecto a la situación del objeto artístico dentro del arte contemporáneo.

Por un lado, nos obliga a preguntarnos respecto a la relación entre el autor y la obra, una vez que esta ha sido producida, ¿sigue siendo el autor una suerte de dueño de la obra una vez que se ha desprendido de ella? ¿o bien, la obra, dueña de su propia historicidad se torna autónoma una vez que toma carácter de obra terminada?

Por otro lado, ¿es posible dotar, mediante una declaración, de contenido estético a una obra? y en ese caso ¿es posible, mediante otra declaración, retirar dicho valor?

Es respecto a este último aspecto que vale la pena detenerse, porque pareciera que el arte contemporáneo en general (y por supuesto, el arte conceptual en particular)está conformado con base en textos y teorías antes que en obras, o bien, dichas obras solamente encuentran sentido dentro de un discurso teórico que ha sido configurado de antemano, ya sea por el propio artista o por un grupo teórico a su alrededor; de tal manera es que la actividad del artista deja de ser meramente práctica para involucrar también la producción de elementos textuales en una concepción de la labor del artista que está en función desde fines de los años sesenta, con los primeros escritos de Joseph Kosuth o de Lawrence Weiner.

Esto dificulta, naturalmente la recepción masiva de un arte contemporáneo que se encuentra, cada vez más, en continuo diálogo consigo mismo.